Artículo · Documental 12
Los baños de purificación al pie del Templo
El 2 de octubre de 2026, la Universidad Hebrea de Jerusalén anunció un hallazgo asombroso: al pie del Monte del Templo apareció un enorme complejo de baños de purificación de la época del Segundo Templo, conservado como casi ningún otro. Eran los baños donde miles de peregrinos se purificaban antes de subir al Templo en las grandes fiestas. Uno de ellos se conserva hasta el techo, con su bóveda de piedra intacta.
El hallazgo al pie del Templo
La excavación se realiza en el Ofel, la franja de tierra inmediatamente al sur del Monte del Templo, cerca de la antigua Puerta Triple. Dirigen los trabajos los profesores Uzi Leibner y Orit Peleg-Barkat, del Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea.
Lo primero que apareció fue una gran piscina enyesada, de unos doce metros por nueve y medio, con escalones que descienden por sus cuatro lados. Todo el complejo ocupa unos doscientos ochenta metros cuadrados y fue construido a inicios del siglo I d.C., en plena época del Segundo Templo. Entre la piscina y el edificio se extiende un patio pavimentado con grandes losas de piedra: no era un lugar privado ni pequeño, sino una instalación pensada para recibir a las multitudes que llegaban a Jerusalén.
Baños para presentarse puros delante de Dios
Junto a la piscina se alza una estructura de grandes sillares con cuatro salas. Tres de ellas fueron identificadas como grandes baños rituales públicos, lo que en hebreo se llama mikva'ot: piscinas de inmersión destinadas a la purificación ritual. Un mikvé no era para la higiene del cuerpo, sino para presentarse puro delante de Dios: la persona descendía por los escalones y se sumergía por completo en el agua, conforme a lo ordenado en la ley, antes de acercarse a lo santo.
Uno de estos baños se conserva de manera excepcional: completo hasta su altura total, cuatro metros con veinte centímetros, incluyendo su bóveda de piedra y el conducto que le suministraba el agua. Una conservación así es rarísima en Jerusalén.
Impuros bajaban, puros subían
En una de las escalinatas hay un detalle que lo dice todo: una línea divisoria baja corre por el centro de los escalones. Según el profesor Leibner, era un control de tránsito: por un lado se bajaba impuro, y por el otro se subía ya puro, sin mezclarse. Así, en la Pascua, en Shavuot y en Sucot —las tres grandes fiestas de peregrinación—, miles de fieles pasaban primero por estas aguas antes de subir al Templo. La pureza no era un trámite: era preparar el corazón para encontrarse con Dios.
La Escritura misma nos muestra esta práctica viva: el apóstol Pablo, ya creyente en Yeshua, se purificó en el Templo junto a cuatro hombres (Hechos 21:26). Y muy cerca de allí estaba la piscina de Siloé, de la que hablamos en otro documental de este canal.
La moneda del medio siclo
Entre la tierra del complejo apareció también una moneda de plata: un medio siclo del tercer año de la Gran Revuelta contra Roma. El medio siclo era la ofrenda que cada israelita adulto entregaba cada año para el servicio del Templo, como lo ordenó el Señor en el Éxodo (Éxodo 30:13). Una moneda pequeña que une la arqueología con una línea exacta de la Escritura.
Lo que este hallazgo nos muestra
Estos baños no son la ilustración de un solo versículo: nos muestran el mundo en el que la Biblia se vivió. Al pie del Templo al que Yeshua subía en las fiestas, los peregrinos se sumergían en estas aguas buscando estar puros delante de Dios. No afirmamos que Yeshua se bañó en estos baños específicos; lo que el hallazgo revela es la infraestructura de purificación de su época, el escenario real de prácticas que la Escritura describe.
Nota de honestidad: el hallazgo fue anunciado por el propio equipo de excavación y su universidad, y aún espera su publicación académica completa, revisada por pares. Pero las piedras ya están ahí, y hablan con claridad.
Aquellas aguas limpiaban por fuera, y señalaban una necesidad más profunda: un corazón limpio. La buena noticia es que en Yeshua esa purificación ya no es solo un símbolo: él mismo nos acerca a Dios, de una vez y para siempre. Por eso la Escritura nos invita: «Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura» (Hebreos 10:22).
Este artículo acompaña al documental 12 de nuestra serie, «Los baños de los peregrinos». Míralo completo y gratuito en YouTube.
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